| Raza y marca |
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| Noticias - Columnistas |
| Lunes 30 de Noviembre de 2009 09:19 |
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Recientemente, la famosa presentadora Oprah Winfrey invitó a su programa al también famoso diseñador Tommy Hilfiger, invitación que el diseñador aceptaba por primera vez, para desmentir un rumor que hace rato circulaba por la web acerca de comentarios racistas que éste diseñador había supuestamente expresado, como: “si yo hubiera sabido que afro-americanos, hispanos, judíos y asiáticos comprarían mi ropa, no la hubiese tan bonita. Desearía que esta clase de gente NO comprara mi ropa, ya que son hechas para una clase superior de gente blanca”.
Pues bien, en vivo y en directo se desmintió tal rumor, ya que entrevistado y entrevistadora recalcaron que el primero nunca hizo pública esa afirmación y la segunda negó que ella lo hubiese invitado antes a su programa y que en ese programa él hubiese aceptado como cierto ese comentario, ante lo cual ella lo echó del mismo. En ese encuentro quedó desmentido aquel rumor y muchos de los que habían creído a pies juntillas esa información que circulaba por la Internet tuvieron que salir a ofrecer disculpas por difundir aquella mala información, como lo hizo el columnista Alfredo Molano en su último artículo de El Espectador, el día 29 de noviembre de 2009. Pero al margen de esa noticia, la segregación sigue siendo el pan nuestro de cada día y lo que la política sigue intentando por vía de la ley, que no haya discriminación, la sociedad lo sigue practicando por costumbre. Sí, los negro siguen siendo vistos como “mosco” en leche y los que se creen blancos, así sean achocolatados, no entran fácilmente al “gueto” afroamericano. Y aunque el dinero, como el gran ·“dios sol”, genera ínfulas sociales, el que por raza y linaje se siente excluido, cree que este “dios” le abre las puertas a la igualdad social. No hay tal, no cualquiera, por plata que tenga, puede entrar como socio del algún famoso “club social”. Por si fuera poco, ¡dime en qué andas y te diré quién eres!: la bicicleta pasó, hace rato, a ser un aparato de entretenimiento y ejercicio, así sea estática o móvil, pues no genera “estatus” social. La motocicleta, aunque muy apetecida por nosotros los tercermundistas, se convirtió en una necesidad doméstica y laboral y, a lo sumo, nos “posiciona” hasta el estrato tres. En muchos restaurantes, bares, discotecas…no se puede ya ni llegar en estos aparatos, pues o no se atiende a ese ¡clintezaso! o a regañadientes se hace ¡Qué oso! Y el carro como que es la tabla de salvación social, pero, el eterno pero, no cualquier carro sirve, ya que éste, dependiendo de la marca y el modelo, tiene que ir de acuerdo al nivel socioeconómico; es decir, no cualquier “pichirilo” sirve y, entonces, el Renault 4 es más bien como una tabla de hundimiento social. Es que el carro, insisto, dependiendo de la marca y el modelo, genera hasta “capacidades” intelectuales que por naturaleza no se obtienen. Por eso entiendo por qué médico, abogado…que se “respete”, debe tener su buen carro ¡Ah! Es que buen carro genera “prestigio”. Para colmo de males, las marcas ayudan a generar esas establecidas diferencias que los grupos sociales señalan. Cada marca ayuda para que cada quien “marque” su territorio. Vestir prendas exclusivas de Cristian Dior, Tommy Hilfiger, Gucci, Giorgio Armani…no es lo mismo que hacerlo con prendas “chiviadas” ¡Dime qué vistes y te diré quien eres! Es que hasta el cuerpo lo admiramos de acuerdo a la raza y a la marca. No es lo mismo unas tetas y un culo vencidos por la gravedad, que unas tetas y un culo bien parados…por la silicona. |







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